Aïcha Liviana Messina presenta “La anarquía de la paz. Levinas y la filosofía política”

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martes 11 de diciembre a las 19:00 hrs. 
Auditorio de Ejército 278, Santiago
+ INFO: institutodefilosofia.udp.cl

 

El martes 11 de diciembre a las 19:00 hrs. en el Auditorio de Ejército 278, Santiago, se presenta el libro L’anarchie de la paix. Levinas et la philosophie politique (La anarquía de la paz. Levinas y la filosofía política, Centro Nacional para la Investigación Científica de Francia, CNRS, 2018), de la profesora titular y directora del Magíster en Pensamiento Contemporáneo del IDF, Aïcha Liviana Messina.

La presentación estará a cargo de Carlos Casanova (UMCE), Andrés Claro (U. de Chile) y Hugo Herrera (IDF-UDP).

¿Por qué te interesó hacer un libro sobre la paz desde la perspectiva de Levinas? ¿Por qué La anarquía de la paz? ¿Cuál es la anarquía de la paz?

Levinas no piensa la paz (como es más habitual hacerlo) en cuanto armonía, equilibrio, orden, sino más bien como acogida, como molestia, de hecho como violencia. De alguna manera, si la paz tiene que ver con la acogida, la paz es una manera de no estar en paz consigo mismo. En este sentido, en Levinas, la paz es anárquica, no se deja nunca estabilizar, quizás por lo mismo nunca tiene lugar. Me interesó entonces preguntar si esta paz como molestia, como extrañamiento, tenía algún alcance político o si permanecía limitada a la esfera privada o incluso si no era más que una utopía (la utopía es justamente el no lugar).

¿Cuál crees que es la pertinencia de su pensamiento frente a los conflictos políticos actuales?

Habría que preguntarse cuáles son los conflictos políticos actuales. Muchos de ellos perduran y en algunos casos, nos hacen falta herramientas para pensarlos. Después de todo, lo que es actual es algo que tiene que ver con la condiciones de posibilidad del pensamiento, con ciertos dispositivos. Y quizás lo que hay que pensar no es lo actual sino lo inactual, lo que desestabiliza un poco el pensamiento. La paz en Levinas hace esto, desestabiliza.

De manera general, creo que el pensamiento de Levinas agrega conflictualidad a los conflictos. Le agrega complicación, inquietud. La paz en Levinas es conflictiva… No se remite a un orden. A diferencia de la guerra, que es algo que obedece a una serie de reglas (la guerra se declara), de órdenes (quizás la guerra es solo jerarquía, orden, control), los conflictos tienen algo espontáneo, desordenado. Vemos con ellos la emergencia de nuevos actores sociales o problemas políticos. Frente a esto, la paz en Levinas no es una idea reguladora, no se da como un fin lejano a alcanzar o no. Se da más bien como la exigencia de no perder de vista lo novedoso. Siempre que esto se pueda. Cuando ocurre algo –por ejemplo el movimiento estudiantil del 2011 o el movimiento feminista reciente– lo tendemos a analizar inmediatamente en claves de acontecimiento, de revolución. Pero por definición, un acontecimiento no se deja reconocer como tal. Lo novedoso no se alcanza.

Sin embargo, no se trata de pensar “algo” nuevo, sino más bien de colocarse en algunos dispositivos de sentido de tal suerte de quebrarlos o molestarlos. Levinas habla siempre desde un lugar un poco desubicado. En esto conflictúa los dispositivos de producción de sentido. La paz en Levinas tiene más que ver con que algo inédito surja de un conflicto, que con el hecho de que dos interlocutores se pongan de acuerdo. En el acuerdo siempre hay una relación de subordinación, de fuerza. En cambio, que un conflicto que perdura pueda tomar una vía inesperada quizás no arregle nada (y el pensamiento de Levinas no aspira al “arreglo”), pero podría vincularnos de otro modo a la actualidad.

¿Cuál crees que es el lugar que ocupa Levinas dentro de la filosofía política contemporánea?

Levinas es un filósofo a contracorriente. La palabra “paz” suena terrible hoy y sonaba terrible ya en los 60, cuando publica Totalidad e infinito. ¿Cómo no ver que la paz es siempre la continuación de la guerra, que los tratados de paz se hacen con la fuerza, que además el pacifismo es en general muy aburrido…? Pero si asumimos que la paz no es un acuerdo o un estado de armonía sino la puesta en cuestión de lo que nos radica a los territorios y de lo que nos legitima en ellos, entonces este pensamiento a contracorriente no es una vuelta atrás, no es reaccionario, es más bien inactual. El pensamiento de Levinas no cabe ni en la tradición de pensamiento humanista, ni (por supuesto) en las filosofías vitalistas, ni tampoco en las distintas ontologías políticas (como la ontología del ser en común). Me parece que Levinas ve en todas estas formas de pensamiento una subordinación a un orden, a una ley.  Pero si bien el pensamiento de Levinas es inactual, este no consiste en una ruptura total con la tradición. Yo diría –y es lo que trato de mostrar en mi libro– que revisita la filosofía política moderna, por lo menos algunas nociones claves (el estado, la soberanía, la libertad, la enajenación) y que así nos vincula de una nueva manera a la historia de la filosofía.

¿En qué sentido la paz es una forma de insubordinación que aspira a “desaburguesar la revolución”, como dice el texto de contratapa del libro?

Para Marx, la burguesía es una clase. Esta puede ser entendida como una clase que se opone a otra y que puede entonces ser superada. Levinas en cambio describe al burgués como un modo de ser cómodo, de estar en su lugar. El burgués remite a un problema ontológico más que de clase. Pues es una tendencia de todos los seres, esto de buscar un lugar cómodo, un lugar para sí. En este sentido, es insuperable (no podemos superar el “ser”). Y en este contexto, “desaburguesar la revolución” es volcar al revolucionario a una inquietud que no lo deja nunca cómodo, nunca en paz.