Dignidad: inscrita en la naturaleza misma de lo humano

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Pese a que no se trata de un concepto fácil de definir, la palabra Dignidad es utilizada por todas las personas para defender sus propias ideas. Cuatro filósofos exploran algunos aspectos relacionados con esta noción y su protagonismo en la sociedad actual.

por: Ximena Cortés Oñate, contacto@diarioconcepcion.cl

 

Como si se tratara de una noción elusiva, el concepto de Dignidad parecía rondar discretamente nuestras experiencias sociales hasta que se nos apareció brutalmente ante los ojos luego del estallido de 2019. Se transformó en vocablo de consignas, dio polémico nombre a un territorio en disputa, ha sido tema de debate en la Convención Constitucional y parece haberse erigido como concepto fundamental para la reparación social.

Pese a que el concepto de Dignidad lo comprendemos, eso no significa que podamos definirlo fácilmente. En filosofía y en bioética, dice Diana Aurenque, hay un largo debate respecto de si el concepto de Dignidad realmente es distinto de otros conceptos a los que se asocia frecuentemente: autonomía, integridad, respeto, etc.

“Kant fue uno de los filósofos que mejor intentó darle contenido a la idea de la Dignidad de la persona (ser siempre un fin y no un medio para otras cosas). Pero otros, rápidamente, como Schopenhauer, señalaron que la palabra `Dignidad´ es un concepto retórico `vacío´. En debates más recientes, la filósofa Ruth Macklin señaló que la palabra `Dignidad´ es un concepto `inútil´ para la bioética”, sentencia la Directora del Departamento de Filosofía de la Universidad de Santiago de Chile.

Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de Dignidad? ¿Qué significa este vocablo?

Para Rodrigo Pulgar, esa pregunta ha cobrado actualidad por la conciencia respecto de derechos, en particular de los Derechos Humanos que, dice, “tal como quizá el mayor de los filósofos chilenos Jorge Millas escribió: `se alimenta en el subsuelo de nuestra existencia´; vale decir, en su aspecto racional. Esto significa que la Dignidad está inscrita en la naturaleza misma de lo humano y que, como enseña Kant, refiere a la identificación de la persona como fin nunca como medio para nadie”.

Director del Departamento de Filosofía de la Universidad de Concepción e investigador del Programa de Investigación Ciencia, Desarrollo y Sociedad en América Latina, CIDESAL UdeC, Pulgar agrega que “el alegato por la Dignidad, que de un tiempo a esta parte copa la agenda pública, nos habla del hecho de que la máxima no es un asunto para todos. En otros términos, aquello de identidad humana que la Dignidad trae consigo, no es vivido a cabalidad por gran parte de la población”.

Rodrigo Pulgar

Rodrigo Pulgar

Por una línea similar transita Pablo Aguayo. El profesor asociado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile enfatiza que la Dignidad es un valor que se le debe atribuir a las personas. “Kant, por ejemplo, señala que la Dignidad es un valor distintivo que solo las personas, entendidas como fines en sí mismas, poseen. Dado que la Dignidad es un valor supremo, solo los seres que son fines en sí pueden ser moralmente valorados por sobre otras entidades”.

Dado lo anterior, sostiene, la idea de Dignidad es un valor que se encuentra intrínsecamente unido a la idea de persona como fin en sí misma. “Sobre la percepción más general que se tiene de este concepto, no sé si las personas de a pie tienen una percepción correcta o incorrecta, más bien tiendo a pensar que esta noción se ha usado indistintamente para cuestiones que tienen un valor absoluto (las personas) como en sentido relativo (cosas). Esto último sería un problema ya que la principal diferencia entre las personas y las cosas es que las primeras tienen valor y las segundas precio”.

Carolina Bruna retoma ese criterio. “Dignidad se refiere al `valor´ de los seres humanos. Para Kant, las cosas tienen precio y las personas Dignidad”. Esto implica, dice, no ser tratadas y tratados como si fuéramos una cosa, algo que se gasta y caduca, que no es un fin en sí mismo y se puede intercambiar o comercializar como las cosas.

“Los seres humanos no somos fungibles, no somos un medio para conseguir algo, sino que debemos ser tratadas como fines en sí mismos”, señala la profesora del Instituto de Filosofía de la Universidad Austral de Chile.

Carolina Bruna

Carolina Bruna

Tratamiento ético-jurídico especial

Aurenque va un poco más atrás. “El concepto Dignidad tiene un significado ético-jurídico. Desde Cicerón en adelante, la noción de Dignidad no solo se asocia al honor por procedencia o cargo, sino en relación con la naturaleza humana misma”.
De este modo, sostiene, comienza una tradición que comprende al ser humano como un sujeto que, comparado con otras especies animales o cosas del mundo, cuenta con una Dignidad particular y distinguida. “A raíz de esa especial nobleza, su Dignidad, es que al ser humano se le otorga un tratamiento ético-jurídico especial”.

Un concepto como éste no solo corresponde a una palabra, no se revisa la acepción acuñada en el diccionario solamente, sino que también se considera el significado que tiene para la gente.

En general, señala Aurenque, las personas quizás no saben muy bien cómo definir la Dignidad, pero “entienden que con ella se vincula una demanda por reconocer al ser humano en sus requerimientos especiales (y que trascienden las necesidades animales o biológicas del mero vivir). Se quiere un `vivir digno´ y se entiende bajo esto no solo contar con refugio, alimentación y salud; sino con un trato ético justo”.

Para Pulgar, la Dignidad no es un concepto vacío, sino que profundamente dinámico por su relación con sensaciones. En tal sentido, señala, es posible que el público -en la calificación de lo público nadie queda excluido- tiene la percepción de que la Dignidad refiere a un contenido de justicia.

“De ahí el discurso, la narración o el grito de angustia por justicia de alguien que ha perdido un referente vital por un acto calificable tanto en su causa como por su efecto como injusto. Vemos en esa realidad lo propiamente vital del concepto: ante un bien perdido, pido justicia como si en el acto de reparación algo de la Dignidad perdida se recuperase. Esto sin duda habla que la Dignidad no es una entelequia, sino un concepto vital, un valor concreto-espiritual. Por cierto, el cuerpo lo sufre”, señala.

Pablo Aguayo

Pablo Aguayo

“No se puede tener grados de Dignidad”

No obstante lo anterior y las dificultades conceptuales, Aurenque reconoce que, como la idea de “Dignidad” no solo se vincula a lo ético, sino también a lo jurídico, ella es parte de una serie de cuerpos legales, poniendo como ejemplo las Constituciones de Chile y Alemania.

“En la Constitución chilena vigente, ya su primer artículo sostiene que `Las personas nacen libres e iguales en Dignidad y Derechos´. En el caso de la Constitución alemana, inicia diciendo `La Dignidad del hombre es intocable´. Ahora bien, no por pronunciarse como derechos significa que quede claro qué se entenderá como protección a la Dignidad”, dice Aurenque.

En ese punto, Bruna considera necesario volver a mencionar a Kant. “Este filósofo indica que el único derecho inalienable es la Libertad; la Libertad está estrechamente relacionada con la Dignidad, ya que implica respetar al ser humano no como un medio para algo sino que como un fin en sí mismo. Ser un fin en sí mismo es tener Dignidad”.

De hecho, agrega la filósofa, “Kant mismo indica, en `La Metafísica de las costumbres´, que un deber jurídico es exigir que se nos trate como fines en sí mismos; es decir, exigir un trato en cuanto seres que tienen Dignidad. Dignidad es la estima que se tiene hacia el ser humano”.

Por ello, forzando un poco la definición de Kant, Bruna señala que “Dignidad se entiende como las condiciones materiales mínimas para poder ser libres. No se es libre cuando no están resueltas las condiciones mínimas para existir como son la salud, las pensiones y la educación. En ese sentido, lo que se hace es relacionar Dignidad con los derechos sociales ya que tenerlos nos da una condición base de igualdad. Como la Dignidad es la estima respecto de la persona, en ocasiones hablamos del trato digno a animales no humanos, por eso se apela a un trato digno hacia ellos”.

Para Aguayo, resulta paradójico hablar de un “derecho a la Dignidad” ya que, dice, “por definición la Dignidad es algo que todos poseemos en cuanto personas morales. En este sentido, creo que sería más apropiado hablar de acceso a ciertos bienes que nos harían posible la realización de este valor”.

“En lo personal, no creo que sea ni filosófica ni políticamente útil hablar de Dignidad cuando pensamos en un Estado del Bienestar o en políticas sociales vinculadas a la justicia social. La razón es simple. Dado que la Dignidad es un valor absoluto, no se puede tener grados de Dignidad”, señala.

Dicho eso, Aguayo señala que tampoco tiene sentido alguno hablar de cosas dignas. “Quizás lo que hay detrás de dichas expresiones es la idea de tener acceso a ciertos bienes sociales que nos permitan llevar adelante nuestra vida con unos mínimos estándares. Dichos estándares son relativos y en relación con ellos sí cabe hablar de grados, por ejemplo, un sueldo que cubra las necesidades básicas sin tener que endeudarse para llegar a fin de mes”.

El filósofo aclara que los bienes sociales que se reclaman detrás de la idea de Dignidad sí recogen un ideal kantiano que es el respeto que nos debemos mutuamente. “Por ejemplo, que en la universidad en la que trabajo las autoridades de la casa central ganen veinte veces el sueldo que reciben los que ganan menos en la propia institución, es claramente una falta de consideración y respeto. Es una forma de decir que en la misma institución hay personas cuyo trabajo vale veinte y hasta veinticinco veces más. Lo extraño es que en esos casos no hablamos de falta de Dignidad”.

Diana Aurenque

Diana Aurenque

Libertad y Dignidad

Dado que, en su origen, la idea de la Dignidad se asocia a una cualidad honorífica, a una suerte de elevación en el rango, para Aurenque se entiende que, al hablar de “bienes sociales dignos” se intenta decir que son casas o sueldos “mejores” o como el ser humano “merece” tener por su sola existencia.

“Ahora, lo que se vuelve complejo ocurre cuando intentamos ponerle más contenido a eso de `digno´, por ejemplo, cuando nos preguntamos ¿qué hace a una casa digna o indigna? ¿son cuestiones económicas, morales, etc.? ¿cómo se calcula la Dignidad de una persona o de estado de cosas? ¿se puede ser indigno si la Dignidad es una característica humana inalienable? Esas preguntas nos muestran que la palabra `Dignidad´ tiende a meternos en argumentos circulares, donde incluso posturas contradictorias pueden defenderse bajo el alero de la Dignidad”, dice.

Para Bruna, la Dignidad del objeto va asociada a la persona: “una casa digna es la casa de un ser humano no de una cosa; un sueldo digno es el que nos permite movernos con igualdad, de ahí la relevancia de los derechos sociales, ya que tenerlos iguala el punto de partida. Así, cuando pensamos en sueldo, en casa pensamos en eso: un sueldo digno se refiere a un sueldo que entregue la posibilidad de que el ser humano viva una vida digna, una casa digna debe ser considerada por el mismo camino. Insisto en la asociación que se puede hacer entre libertad y Dignidad, en ese sentido un sueldo que nos entrega Dignidad es el que nos permite ser libres”.

Pulgar disiente con Aguayo: “¿por qué no hablar de derecho a la Dignidad si en ocasiones se siente su extravío o, peor, el nunca haberla tenido, como la sensación de falta de reconocimiento del valor persona?”, pregunta.

Para él, lo exigido como derecho se traslapa al reconocimiento de ser digno ante los ojos de otros que validan la sensación de gozar de Dignidad o no vivirla. “De ahí que podríamos describir la percepción de la realidad humana contando como punto de interpretación el sentido que el concepto Dignidad tiene”, señala.

Pulgar cita al filósofo canadiense Charles Taylor y dice que, en este punto, se encuentra un indicativo de la vivencia de la Dignidad que consiste en “(…) nuestro poder o en nuestro sentido de dominio del espacio público; o en nuestra invulnerabilidad ante el poder; o en nuestra autosuficiencia, o en que nuestra vida tenga su propio centro; o en saber que gustamos a los demás, o que ellos nos admiran o que somos el centro de atención”.

Por ello propone, como conveniente, “quedarnos con la idea del reconocimiento de la Dignidad entendida como un escenario desde el cual podemos cuestionar toda acción que afecte en lo esencial lo que percibimos en nuestro fuero como lo justo tomándonos, precisamente, de la variable Dignidad”.

Por otro lado, reconoce que hoy, sin duda, existen posiciones que trasladan la idea de Dignidad a objetos. Pero, dice, “habrá que preguntar si esto significa que son fines y no medios. El silogismo es complejo, y quizás se resuelva desde cosmovisiones que ven en los objetos proyectada la misma Dignidad humana, en caso contrario se corre el riesgo de convertir la persona en medio para la consolidación del concepto Dignidad, al observar su aplicabilidad y su comprensión en los objetos”.

Factor esencial de la realidad humana

La potencia con que este concepto congrega a las personas en cuanto a sus demandas sociales, es algo que supera a otras nociones. “Quizás la idea de Dignidad recoge esa sensación de injusticia que comentaba anteriormente, injusticias que se han naturalizado y son parte incluso del ethos de las instituciones públicas”, dice Aguayo.

En ese sentido menciona que el no ser tratado como persona, el que un trabajo sea pagado de manera miserable, o que en él no te llamen por tu nombre, son todas cuestiones vinculadas a la idea de valor de sí, de autorrespeto, algo que claramente está detrás de la idea de Dignidad, sostiene.

Pulgar menciona, en ese contexto, el Movimiento de los Indignados de mayo de 2011 y lo ocurrido en Chile en octubre de 2019 como situaciones que reclaman, precisamente, lo señalado: el reconocimiento que el valor de la Dignidad no es un adorno socio-político sino un factor esencial de la realidad humana.

“Por ello, es atractivo que la sociedad entendida como comunidad deliberativa, en el caso de Chile, ponga sus esfuerzos en instalar el significante Dignidad asociado directamente a la Doctrina de los Derechos Humanos, en un nuevo marco constitucional”, señala.

Bruna también se refiere a ambos procesos. Ella recuerda que los “Indignados” apelaban al concepto de Dignidad en cuanto derechos sociales: “quedar sin ellos se entiende como ser tratadas y tratados de modo distinto a seres humanos. Es un movimiento que pone el acento en no perder los derechos sociales que aseguraba el Estado de bienestar. Indignados era expresión de personas a las que se les había quitado la Dignidad, esta condición de no ser un fungible, algo que simplemente se gasta y que cuando ya no sirve no se usa”.

Por otra parte, sobre lo ocurrido en Santiago, señala que “la Plaza de la Dignidad presupone lo mismo, nombra un espacio donde se han visibilizado demandas sociales por los llamados derechos sociales. Recordemos que todo lo que ha sucedido desde octubre de 2019 en adelante tiene que ver con las demandas por derechos sociales principalmente salud, educación y pensiones. El cambio de nombre de la plaza muestra la necesidad de defender el concepto de Dignidad y, la verdad, yo lo respaldo”.

Aurenque reitera su convicción acerca de que la noción “Dignidad”, tiene una enorme importancia normativa (ética y jurídica) pero, agrega, tiene también una fuerza retórica muy potente. “De hecho, escasamente podemos encontrar personas que hablen contra la Dignidad; por el contrario, todo el mundo defiende sus propias ideas apoyados en el uso de la palabra Dignidad. Por eso, es tan importante que, en los debates contemporáneos, sobre todo en nuestro país, se use el concepto con mesura, y contextualizando de la mejor manera posible, lo que se busca señalar con éste”, concluye.

Libros recomendados

-Justicia social. Conceptos, teorías y problemas, Pablo Aguayo Westwood. Editorial Tirant lo Blanch, 2022.

-Dignidad, Agustín Squella. Universidad de Valparaíso, 2021.

-Evadir. La filosofía piensa la revuelta de octubre 2019, (varios autores). Libros del Amanecer, Santiago, 2020.

-Declaración Universal de los Derechos Humanos

-Homenaje a Jorge Millas a 20 a 20 años de su muerte. Acerca de la Dignidad del hombre. Texto de Humberto Giannini

-Debating humanity Towards philosophical sociology, Daniel Chernilo. Cambridge University Press, 2017

-Dignity, Character and Self-Respect, Robin Dillon (ed.). Routledge, 1994.